Estoy bien

Estoy bien cuando

logro robarte un beso en tu mejilla suave

y lloró en tus brazos en la noches en las que el existencialismo me aqueja

cuando escucho tus carcajadas resonar en mi interior

y una pantera negra corretea alrededor

Estoy bien cuando

me veo en tus ojos

y me recuerdas que soy más que un destello galáctico

cuando desempolvamos memorias compartidas

y terminamos mordiendo nuestras almas como en aquellos días

Estoy bien cuando

invadimos geografías desconocidas a nuestro gusto

y descubro algo alucinante en la inmensidad de este mundo

cuando recuerdo que la vida es más que un tormento

y el escepticismo deja de ser mi impedimento

Estoy bien cuando

despejo mis angustias sobre el mar

y un destello de palabras me revelan su verdad

cuando el orgullo retorna a mi corazón

y la tristeza se pierde entre risas y alcohol

Estoy bien cuando

derrumbo esta sombra negra que llevo a mis espaldas

y me convenzo que el futuro es más que un formulario de esperanzas

cuando reconozco que el privilegio de sentir es la libertad absoluta

ante la incertidumbre de esta vida, de este miedo, y de esta ruta.

 

 

 

 

 

 

 

 

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La igual

Siento ajustarme a mis maneras
Pizcas de intolerancia que varias veces rechacé
¿Quién seré que no me reconozco ahora?
En mi coctel de ideologías anticuadas
Portadora de banderas que yo misma encendí
Encasillada en ideas que juraba eran mías
O que presté de algún libro controversial
Aplaudía las diferencias
Y abrazaba lo nuevo
Lo que venga después de todo esto
Casi siempre será mejor
Y ahora soy yo la igual
Parecida a ancestros que no quiero nombrar
Maldito acondicionamiento

Mis trenes

Campos de olivas
Campos de arroz
Casas viejas
Maizales secos
Gente
Estornudos y cabeceos
Equipajes llenos de cosas
Llenos de plantas
Llenos de harinas como regalo
Montañas grises y peladas
Llanuras verdes y vibrantes
Estaciones estáticas
Hogares de millones sin millones
Pasajeros de ventana
Percepciones de asiento
Destellos universales en mis ojos
Y un cerebro enamorado y ciego,
Intentando de hacer sentido todo esto
De dar significado al recorrido
Como si fuera cura a la muerte
A mi existencialismo crónico
Presente siempre en mis trenes
Acorralado en mis sienes

El mejor de los tiempos

“Mira toda esta gente infeliz viviendo en el mejor de los tiempos.”

“Yo los veo normal.”

“Nadie conversa.”

“Eso no significa nada. No se necesita hablar para ser feliz—bueno, a menos que seas mudo.”

“Las verdad no se porque nos vinimos a vivir aquí.”

“Ya hemos hablado de esto.”

“Ya se.”

“Bueno, besito.”

“Que tengas buen día.”

Dos paradas más adelante, Helena sale del vagón entre un mar de gente infeliz. Cruza sin mirar a nadie, fijándose en la salida de emergencia que usa a diario para salir a la calle. Al salir de la estación, el aire frío de un invierno que no se quiere ir de Nueva York la recibe. Es Abril.

El día transcurre enmarcado en lo habitual.

¿Porqué existen cerebros incesantes?

Ansia de cambio y renovación. Aprendizaje continuo, extravío cultural, locura sistemática y saludable, desarmar convenciones, ¿para qué todo? ¿Porqué de esta manera y no de la otra? ¿Qué hay más allá? ¿Qué es ser feliz? ¿Qué es complacencia, comodidad? ¿Porqué existen cerebros incesantes? ¿Porqué la curiosidad mató al gato? ¿Cómo se enfoca las energías? ¿Cómo se sobrevive en un mundo de ficciones? ¿Es mejor estar dormido que despierto? Disparo aquí, allá. La valla publicitaria, la oferta, el tiroteo de información consumible, derecha, izquierda, interna… pum…pum…pum. El respiro profundo, frustrado, de no saber las respuestas.. pum… el siguiente motivo de atención, inservible, inútil, el estruendo insonoro de la naturaleza ante el llamado de los ceros y los unos, click click click.. el costo de la modernidad en mi cabeza, en mi cuerpo, la fobia de pasadas retóricas asesinas, sin parar, ajetreo de ideas estúpidas que simplemente no te dejar dormir. La segunda bocanada, la que te trae a la realidad del conformismo, ese lugar cómodo y calientito.. El realizar lo inservible de este experimento de lenguaje, incoherente de nuevo, en una noche común y corriente, de este pobre paciente.

Nada extraordinario

Nada extraordinario pasa en esta casa

No hay nudo en mi garganta,

ni lanza incrustada en mi costilla,

hay comida en mi plato,

poliéster y algodón protegen mi piel,

electricidad y radiación corren por mis venas

Nadie escupe a mi costado

O trata de callarme a la fuerza

Nadie decide por mi

Y es aún así

Que llevo en mis hombros vergüenza

Decepción en mi conforme humanidad

En la insensibilidad de mis sentidos

En la absorción de ideas masticadas por otros

En la improductiva labor de mis manos

En la pasividad con la que respiro

Absurdo

Masa encefálica que se retuerce de dolor por culpa del mecanismo auto dependiente al que algunos llaman trabajo. Es increíble la capacidad del ser humano de convencerse a sí mismo de la necesidad absoluta de algo con lo que nose nació, algo ajeno al respirar, comer, o defecar. Que broma tan absurda de la naturaleza, dar poder tan grande a esta redecilla de materiales orgánicos, acuáticos y fáciles de destruir. Que inútil crear asociaciones intravenosas que se carcomen a sí mismas. Absurdo, simplemente absurdo.

Dream hacking

What triggers a dream?

What biochemical agent inside my brain decides that a specific moment, word, image, smell or sound will become the key to a portal of subconsciousness?

It’s an espionage act. You have your thoughts: the crazy ones, the inappropriate ones, the secret bearers, the fantasies; they’re often or they come and go, you make fun of them or you’re ashamed of them, but they’re yours, you keep them, “safely stored” from the idiotic judgement of mankind- until…

they’re kidnapped away during your sleep, by that uncontrollable part of your mind – the one you hate a bit, the imprisoned puppeteer, with grandiose potential and effective use of invasive, impertinent, and irritant techniques of hacking.

Historia sin prosa, pero con helado

Una niña corre hacia nosotros con dos helados de vainilla y fresa, interrumpe nuestro competitivo juego de tirarnos una pelota de tenis el uno al otro, nos da los apetitosos conitos, y no dice: “se los mando mi mamá, dice que les conoce”.

Un poquito confundidos, pues la señora se encuentra a una considerable distancia, le agradecemos a la niña y decidimos hacer lo mismo con la mamá.

Al acercanos, reconocemos no sólo a la señora, sino a su anciana madre, quien nos sonríe justo como el primer día en la que la conocí: recolectando botellas en la acera trasera del edificio donde trabajaba Giancarlo.

Al despedirnos de ellas, representantes sanguíneas de tres generaciones, pienso en cuantas botellas -a precio de intercambio de 5 centavos en NY, CT, NJ- se necesitan para pagar por el helado que estoy comiendo, pero como soy mala para las matemáticas, abandono el cálculo de inmediato.

Lo que no abandono sin embargo es el sentimiento del gesto, recordatorio que me aterriza de nuevo a lo hemos sido y seguiremos siendo: chambeadores de calle, los ‘hustlers’ de la basura.

Preámbulo

Depósito oceánico entre bases nasales y montañas oculares, esperando la disruptiva combinación de vientos cálidos de ira, odio, frustración y los vientos fríos de tristeza, melancolía, soledad..

Penumbra de torbellino craneal implosiva ante la vergüenza, explosiva ante la comodidad de una almohada o unos brazos, premonitoria ante la neblina de mi temprana noche, impredecible y estorbosa venda que me niega el más allá.

¿Quién maneja la meteorología de esta vaina?

¿La convulsión térmica?

¿El excremento volcánico?

¿El mareado tifón?

¿A cuantos arrasaré?

Mientras espero el diluvio y el baile de las agujas

El cemento echa pa’rriba

Sin control, sin límite

Los procreadores vomitan

De a uno, de a seis,

Las luces envenenan

Los truenos cantan

Y ante la situación perfecta

Ni Zeus ni Moises

Ni la llamarada de este cigarro ficticio

Podrán detenerme

Hijueputas, vean no más, así me los llevo yo.

Usted sabe

Es hambre, ¿sabe? Apetito por comérselo todo, curiosearlo, aprenderlo, rebozarse de miel hasta la fatiga y el éxtasis. Me siento y empiezo a fantasear, con la de allí, el de aquí, los todos juntos y revueltos… Las ideas que me recorren por los brazos, me pican, quieren volverse tatuaje, impermeable, un jarabe para el síntoma. Analizo la enfermedad, ya van varios añitos de cosquilleo, de vagabundería mental. Uno trata de entretenerse con la cotidianidad, con lo normal para no sentirse tan anormal, balbucearse lo que diría, lo que haría, para después enterrarlo, usted sabe, para no ser malagradecido con lo que ya se tiene.

Pero me da hambre. Las ansias entran. La lengua por el diente filudo, por los labios… con sutilidad. El mundo queda chiquito para el agujero negro de mi cabeza. Lo interesante es que no es infelicidad, es sólo apetito. Degustación de escenas desconocidas, usted sabe, como las del cine, y las páginas de Burroughs, pero sin los bichos, o las narrativas subterráneas de las madrugadas neoyorquinas.

Decir justo lo que se está pensando, sin el filtro de los años, de la vida… Actividad eléctrica con utilidad de sobrevivencia, eso y nada más. Encontrar oídos sin juicio, ilimitados, u ojos, no importa el medio, la plataforma, binaria u orgánica. La búsqueda ocular en todos los rincones, el aroma imaginario, usted sabe, perder el hilo de lo que se estápensan….

Usted sabe…

Los bichos

Rasca su lomo con brusquedad
tal perro ante el péndulo de carnicero,
pero el arma es invisible para los habitantes de vagón,
pues cada quien carga su nudo al cuello,
a su manera,
blue collar,
white collar…
sacude la cabeza un poco mientras parpadea con fuerza sus ojos,
la boca seca le fastidia,
deshidratación crónica que trata de curar a punta de café…[¡qué imbécil!]
trata de mantenerse despierto,
observa un hombre en frazada cadavérica
el mismo que con grotescas uñas
pelea con el mismo moco desde hace varios minutos…
cambia de angulo de visión,
recuesta la cabeza en ese plástico color hueso
igualito a jaula de veterinaria,
45 grados al norte
ve las promesas del mundo mejor,
un grupo de estudiantes sostienen importantísimos manuales,
sonríen y parecen tener interesantísimas conversaciones,
el futuro no es problema para ellos,
siempre y cuando sostengan el manual,
siempre y cuando sostengan eternamente el manual…
desvío 30 grados al occidente,
le piden a ella que sueñe en grande,
¿para qué conformarse con lo natural?,
lo artificial es grande, es GRANDE!…
arrastra con violencia su mano por el rostro suduroso
desfigurándose un poco, [porque la máscara le pesa]
observa de nuevo a su alrededor…
con sus almas en las manos,
la colección de cuerpos vacios incita al escrutinio,
¿pues qué ha de importarles?
[habrán de estar conectados a la metafísica de sus realidades digitales]…
entonces lo ve a él,
¿cómo no verlo?
mírale la boca rosadita,
[¿le gustará succionar o lamer?]
[que importa]
[¿cómo puede este animal leer con tanta paz en este lugar?]
[ah, es extranjero,]
Der Prozeß?…
– ah sí, del escritor de los bichos…
– ese es Burroughs, márica…
– no, es el Franz…
– bueno, como sea.
contrae sus pulmones con fuerza
para aparentar respirar,
observa al lector con rapidez,
pues su parada esta cerca…
[si tán sólo compartieramos jeringa]
lo que le haría ver…
lo que le haria ver…

Minientrada

Niño del sur

Niño del sur,
marinero extraviado en el océano incorrecto,
¿sabes que te tengo prisionero?
Las burbujas acentuadas en mi lengua,
te tienen embriagado chiquillo,
vos de aquí, no te moverás,
remarás sin brújula mientras controlo el magnetismo de tu boquita,
las coordenadas de tu destino
se entrelazaron en medio de mi borrasca fugitiva,
yo permito el desencaje
de tus sentidos imperfectos,
no tienes que alimentarte con historias de puertos desahuciados,
pues yo seré tu literatura,
escrita en hojas del árbol de la vida,
serás escudero de remotas aventuras,
y te llevaré a la gloria entre sombras y roces
y a aquel charco limonero del que partiste,
volverás ante mi mando,
con la panzita enamorada
y un sentido de ilusoria libertad…

Voluntad azul

Tengo la cabeza tan nublada como la atmósfera contaminada de los campos que recorro. La duda siempre es la misma, encarnándose más fuerte en cada ocasión, levitando alrededor de un agujero negro cómodo en mi occipital derecho. 

Puedo argumentar cientos de excusas, organizar un patrón de hechos que se acomoden con exclusividad a mi reacción interna, a la batalla que ando lidiando desde los primeros síntomas aparecieron. ¿Pero para qué hacerlo, si el resultado siempre será el mismo? Gabetearlo, amarrrarlo, recordar que mis circunstancias son diferentes a las que me imagino, olvidarlo, dejarlo ir. 

¿Pero qué hago con mi voluntad azul? Si la tengo sentada a mi lado, intocable, desinteresada, bella en su propia forma, absuelta de mi tormento, inocente por elección. El horror de mis pensamientos le pondría de otro color. 

Otra historia para la colección. Otro buzón de cartas anónimas que no llegará a ninguna parte. Otras palabras que no se las llevará el viento, sino el puto smog. 

Por el momento, me queda solo apreciar y renegar. Dejarme ahogar en el manto oscurantista producido por mi estómago cada vez que brilla y me calienta con su voz, con su lengua entrenada. 

Y si nada funciona, que me planten en ese charco de arroz. Tal vez y algún día sea de su consumo, así le conozca por dentro y haga que se estremezca por mi. 

Fantasma

Yo te dije que iba a escribirlo, así que deja la bulla y la vaina que me tienes mamada de tus impertinentes suspiros al oído.

Primero, no es mi culpa que te haya agarrado esa destartalada buseta. ¿Cruzaste sin ver el semáforo, o fue culpa de esos sudorosos maleantes del volante que vuelan por la Séptima? Sí, yo se que mi tío era conductor también, pero la diferencia era que él escuchaba a Los Beatles, no vallenato, ni reggaeton. Eso influye, a lo bien.

Tienes más probabilidades de matarte si te subes a un bus que revienta con un ‘perrea, mami, perrea’ que con un ‘olyunidislof’.

Ya, ya, voy a dejar la hipótesis de las busetas musicales para después. Pero me debes una respuesta. No es que te vayan a jalar del cuello o de las patas primero y me dejes con la duda.

Bueno pues, ¿que hacemos?

Quise flotar

La maldita congestión nasal de nuevo. El viaje termina, vuelvo a la realidad de lo absurdo. No todo es malo, pero siento que lo será, lo siento incomodo en la sien, en las membranas celulares. No sé que o quien me hará más falta. No sé si esta vaya a ser la última oportunidad para una vida normal.

Viajamos por la telaraña de autopistas elevadas de Shanghai, tuve el mundo a mis pies hace poco, y quise flotar. La verdad es que todo esto ha sido una gran levitación, y como toda ruptura inaceptable al ejercicio de la metafísica, debo caer, debo fracturarme, resplandecer en el suelo, hasta entender que debo reponerme, debo pegarme, debo ver la luz, y comenzar de nuevo.

Dejé las ciudades en crecimiento, el olor a mierda, la lengua universal de mis gestos, el concreto elevado, la adivinanza culinaria, los escupitajos, la belleza de sus ojos, de las montañas donde el pino retuerce la roca, del hogar de gorditos dorados, de la rigidez facial, de la historia de miles de generaciones de generaciones de generaciones campana.

Pero por más que la calidez de la geografía sea entrañable, la verdad es que añoraré esta pequeña sociedad de voraces animales, hambrientos de vida, de experiencias, con sus únicas razones y objetivos, una hermandad conjugada en múltiples pigmentos, en una escala musical de algunos tonos compartidos, de danzantes entre cables eléctricos, de futuras ventanillas al mundo, de germinación de historias, que algún día, en mi lecho, recontaré.

The man

Oh modern man! You claim to be perfect.
Living a life of dreams.
Blinded by circuits of tantalum.
Speeding up a tired time machine,
[des] information devourer,
oversaturated fat.
Proud owner of plastic fruits.
Diplomatic criminal.

Oh mediocre man! You claim to be imperfect!
Speechless.
Thumbs on the move.
Password locked.
Don’t you see how they kill your kind?
Don’t you see how they deny the existence of your people?
Keep twitching .
Keep smiling,
Keep faking.
Keep pretending.
Keep ignoring.
Just don’t forget your house of cards is gasoline infused!
And money can’t be eaten.

El planeta entre tus piernas

Bonita, ¿dónde está la energía de tus ojos?
¿Qué pasó?
¿Cuándo perdiste el control de los elementos?
¿Cuándo abandonaste la capitanía de tu historia?

Eras fuego puro, viejita.
Defendías tus retazos con destellos de furia,
el mundo cabía en tu puño,
reducías cenizas a fracciones subatómicas…

Eras ventarrón de pasión, linda mujer,
El alboroto de las nubes era comandado por tu voz,
las sinfonías del común
se regían a tu son…

Eras cascada salvaje, niña azul,
erosionabas las fronteras,
los caminos llevaban tu nombre,
las sirenas, tu olor…

Eras fértil subsuelo, madre mía
yo era rama, tu, raíz,
abarcabas el planeta entre tus piernas
y lo saciabas hasta el fin…

¿Dónde te abandonaste, chiquita?
¿En que lugar dejaste tu pasión?
¿Quién arrebató tu vehemencia?
¿Quién se atrevió a desafiar tu palabra?

¿Fueron las copias de las horas?
¿el vacío eterno?
¿la persecución silenciosa de la muerte?
¿el frío abrazo de la cotidianidad?

Dímelo, mamita,
dímelo antes que sea tarde,
y yo me quede sin tu amor,
dímelo entre susurros de canela,
y cucharadas de almidón.

escritura libre 1

pues he de abstenerme de mis pensamientos esta noche, dejar que el teclado y las manos sean uno, que se evaporicen las palabras con los ojos cerrados, que el tecleo tenga ritmo de sonata, una de esas canciones tristes de película extranjera, que la resonancia llene el vacío de mi cuerpo, me transporte a ese universo congojo que abraza mis recuerdos, déjalo, déjalo…. déjalo que el péndulo de lo incierto escriba tu historia, que las temáticas monosilábicas de los cuchicheos en este salón sean erradicados con martilleos suaves, que tus manos pintadas de blanco y negro sean caracterizaciones del maestro, del pianista sentado en la parte derecha de tu cabeza, déjalo, déjalo…déjalo que te convierta en sinfonía, en esculturas rítmicas al viento, en progresiones caóticas elevadas al cielo, en arpegios sobrenaturales que se derramen por tus rodillas, con hermosa lentitud, con bello y sofocante salvajismo… déjalo, déjalo, déjalo que te envuelva en levitación fantástica, en el desdoble artesanal de tu belleza, de la calidez quebrantada que pretendes ignorar, del tiempo enterrado, de tus poros respirando átomos intergalácticos, del poder hambriento de tu ser… déjalo, déjalo, déjalo, déjalo esta noche en tinta impenetrable, codificada, oscura, recluida y misteriosa, déjalo que brote en forma de enzimas asesinas, en frascos inyectables, en notas indescifrables para el gris promedio, en acertijos pigmentados de mar, déjalo en estado gaseoso inalcanzable para ellos, invencible y puro para vos…

 

La que murió

Dejemos que el mundo se vaya al diablo, para que dejemos de volvernos azules y vomitar el tiempo. Son absurdos los sentidos de los monarcas, las histerias rojas del vivido pasado, del humectante sentir del pesimismo. Si recojo mis agallas del tibio suelo, para que me sirve tu mirada? si rota está.

Soy destellos de la gloria benevolente del ausente, del que no existe más, tengo mis recorridos marcados por el sur y la voz entrecortada de tanto dudar. Mis pálidos astutos retoman tus vocablos, y son los que reparten sustos a los niños del barrio. Son ellos, quienes entre descargas automáticas y silenciosos mensajes de temor, recogen mis miedos, empacan tus bosquejos y queman los húmedos retozos de lo que ya se acabó.

Si son putos, o molestos, si son repetidos en el mundo del ayer, ellos no mantienen nuestras vidas en conjunto, si no que nos separan por el humo estupefacto del asqueroso buen vivir. La comodidad del anhelo amarillo, el trabajo reposado en la mesa del salón, sin ellos, somos nadie y lo somos todo. Sin ellos, recibimos puntualmente consejos sin vocación. Palabras muertas, copas vacías, libros sin leer, viajes sin planear.

Si pudiera retomar un poco de la ella que murió, otorgaría mi frente a los sabios campesinos del lugar donde crecí, revolvería la nostalgia de la pólvora y el café. De los toldillos transparentes y los aguacates podridos en el jardín.

Pero afuera, el mundo pasa, el aire congela las ideas, el silencio deteriora la inmensidad del puerto de aves metálicas. Adentro, soy nada, solo dedos en teclas oscuras de plástico hecho en china, soy ojos negros sin alma ni son, soy muerta en líquidos violentos, en sudor putrefacto de corazón cansado. Soy el fantasma de la inocencia. Soy otra, soy la misma, soy el reflejo en la ventana. Soy, en silencio, la imbécil del papel.

 

El patriarca

Las impresiones mágicas de la infancia, el correteo, la combustión interna ante el mínimo roce, la activa función cerebral recreando un mundo lleno de posibilidades, jugar al escondite entre bultos de arroz, responder a la cercanía eléctrica de su cabello negro, de su piel morena, de esa boca que todavía no sabe besar.

El será el patriarca, estoy segurita. Le daré ese gusto, ese apreciado y respetado puesto…

Se lo daré, apenas lo dejen salir a jugar.

Viva

A veces quiero refugiarme en mis pensamientos más oscuros, romper lo estipulado, divagar en las calles y experimentar lo negado, lo escondido, lo ilícito; sentarme en un bar y protagonizar historias clandestinas con personajes ambidiestros, multiplicar los amaneceres, vivir como vampiro, enterrar los vidrios de mi alma en espesas telarañas de vicio, bulla y satisfacción.

Caminitos blancos al paraíso tridimensional, llamaradas y carcajadas, táctiles bellezas subterráneas, sabores ácidos en mil lenguas, rebozar apetitos abnegados.

Fusionar espejos y tierra, bombardear con colores el pavimento, encender sus malditos pies, borrar a pinceladas el progreso de mis mundos.

Gritar.

Quiero ser dominio del instinto, de las excusas alcohólicas, de sus miradas impertinentes, regocijar mi alma con descabellados momentos, aptos para narrar, nítidos para revelar.

Ser héroe original de fantasías abdominales.

Ser interesante.

Múltiple.

Viva.

Hija del subsuelo

Puedo curar la melancolía de mis viernes por la tarde con galguerías importadas, vallenatos inspirados en míticas aunque desconocidas ciénagas caribeñas; puedo permitirme la libertad de arrojar hijueputeces al aire viendo al montañero adoptado bajo mi ruana invisible.

Puedo despojar al café de su leche y convertirlo en vino, envolverme en cachaquismos sureños y absolver mi lengua de las condenadas sílabas forzadas. Puedo sumergirme en un párrafo de Vásquez, Márquez o Vallejo, y alucinar que seré una de ellos.

Puedo camuflarme en un local oloroso a pan y aceite; escuchar las inconformidades apocalípticas del diario vivir de mis vecinos o las ya familiares predicciones nacionales.

Puedo aruñar la identidad sagrada y heredada de mis ancestros, darme bocanadas tóxicas de patriotismo, adjudicarme lo que no es mío.

Puedo revestirme en oro y ahogarme en charcos imaginarios, tragar abejas dulces, colgarme en alas de cóndor viejo, reírme de sus ojos, llorar por ellos.

Puedo, por unos segundos, engañar a mi mente con alguna extrañeza de esta selva gris, dominarla y moldearla, desdoblarme en la fantasía de lo que veo no es rentado, depositar mi esencia en un espejismo propio…

Verme completa como hija del subsuelo, como una vena más…en el torrente sanguíneo, al cual llamo hogar.

Perdido

Y me encontré a mi misma entrelazada en tu cuerpo, en la inocencia pérdida de nuestras caricias, en las verdes palabras de amor, en el cerrojo eterno de nuestras aventuras tridimensionales, en las tardes vitales de arquitectura fantástica, y en nuestros innatos tormentos, compartidos en silencio.

Con el tiempo, te fui perdiendo entre caminos de pavimento polvoroso, en la escasez de nuestros encuentros, en la decepción de los que intentaban encontrarme, en las arrebatadas conversaciones telefónicas, de odio, de amor, de añoranza, de lento olvido.

Tras el cruce del océano, soy el centro de otro universo, soy completa en su vida, y moriría por la suya, soy otra en medio de la radiación amarilla que invade nuestras noches.

Pero vivo ocasionales tardes de incurable nostalgia. Construyo ambientes paralelos e invento cascadas de posibilidades, no porque te extrañe, sino porque todos te extrañan.

Desparecido como otros atrás, perdido en las junglas misteriosas de la tierra que te vio nacer, raptado por sirenas del Orinoco o por los piratas de sus caudales, invisible en las horas de coleo y aguardiente, en los sollozos de tus mujeres, en el zapateo y son de sus joropos, de sus maracas, de su arpa terrenal.

Solo me quedan cenizas de tus recuerdos, de tu voz nocturna en mis sueños, del compás de mis anhelos.

Hoy, he decidido robarte de la historia y perderme contigo por unos eternos minutos. Para quererte un poquito, para recordar.

A pedacitos

Estoy sembrada en suciedad amada, toxicidad social, Mecanismos corruptos de subyugación física y mental, sin los cambios, sin los hechos, pero con los cerrojos que me echo como si fuera tradición, los maldigo, los escupo, los repudio, pero vivo en ellos, me embarduno con sus exaltaciones fantásticas, esos hijos de puta mediocres, soy mejor de mente, nunca mejor de acción, me comieron a pedacitos.

Progreso

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Monstruos imponentes habitados por monstruos más chiquitos resplandecen al medio día,

la muchedumbre vespertina atiborrada en el gusano eléctrico.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Aguacates azules reparten instrucciones que son acatadas con increíble docilidad,

o que son introducidas en rápidas docenas al que no las quiera cumplir.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Lenguas lamiéndose las unas a las otras en las esquinas del gran parque bajo el sabor de lo incomprensible, lo exótico, lo secreto.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

El inexistente miedo al caminar nocturno, la apropiación de las sombras, el resplandecer lunático opacado por intermitentes coloridos incandescentes.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

La lucha por la perfección humana, milagros empaquetados, tecnologías vanguardistas,

la comida plástica, el dinero plástico, tu cuerpo plástico.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Civitas Terrena, Civitas Dei, opuesta pero dependiente mutación hipócrita,

batalla por nuestras almas con destino pronosticado.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Los estúpidos

Sucede que las líneas de lo orgánico y bienaventurado se mezclan con aires de grandeza inexistente; avasallado espíritu colonial en búsqueda de aceptación cosmopolita. El espectáculo recibe nombre para que los individuos se sientan identificados: “ese soy yo, ese puedo ser yo”.

Esquivando los destellos que encandilan a los pelagatos, me encuentro en mi asiento de espectador idealista, tildado de antisocial e incluso estúpido.

No señor, ni señorita. Aquí los estúpidos, son otros.

De nariz

Mi piel es un iceberg descongelándose ante la hoguera que engendro dentro, aquella llama que consume bosques secos, que sofoca mi garganta y que pide alcanzar el claro cielo para arrasar con mis recuerdos.

Trato de secar las gotas para que no se acumulen en el frio suelo y que nadie se vaya a ir de nariz.

Eleda

Y siento que debo llorar un poco, tal vez porque no me encuentro en esta dimensión, porque esta frustración es pura apendicitis, síntomas presentes y ausentes cuando se les da la gana.

Porque extraño su carne, el roce acuático de sus mejillas, el perderme en sus ahogantes substancias marítimas … así que voy a dibujarme en las paredes, en los lienzos, en las fotografías que nunca se revelaron, en las botellas que nunca se destaparon, en los dedos que nunca se mojaron…

….Y es que temo al olvido, no de sus memorias pero de las mías, que trasplante las impurezas de esta maldita cotidianidad y suprima las fantasías hermosas que construimos y en las que a veces nos perdimos….

“Vamos un ratito, dejemos el telón caído, prometo lágrimas calladas mientras te cuelgas de mi alma….acaricia mis sentidos, responde a mi hambre, déjame participar en la imprecisión salvaje de tus dientes, trázame con paciencia apurada, vuélveme música, poesía, filosofía y nicotina…

… solo déjame navegarte en la oscuridad de tus confines…”

Y cuando la ventana sea espejo, volveré a ser la misma, enterrada en mi ofuscada impotencia, con las nubes a punto de combustión interna y los tejidos cansados …

tu voz se volverá eco, reventará la atmósfera, llegara hasta las galaxias, y algún día… volverá a hallarme., así de triste, así de perdida, así de azul.