El planeta entre tus piernas

Bonita, ¿dónde está la energía de tus ojos?
¿Qué pasó?
¿Cuándo perdiste el control de los elementos?
¿Cuándo abandonaste la capitanía de tu historia?

Eras fuego puro, viejita.
Defendías tus retazos con destellos de furia,
el mundo cabía en tu puño,
reducías cenizas a fracciones subatómicas…

Eras ventarrón de pasión, linda mujer,
El alboroto de las nubes era comandado por tu voz,
las sinfonías del común
se regían a tu son…

Eras cascada salvaje, niña azul,
erosionabas las fronteras,
los caminos llevaban tu nombre,
las sirenas, tu olor…

Eras fértil subsuelo, madre mía
yo era rama, tu, raíz,
abarcabas el planeta entre tus piernas
y lo saciabas hasta el fin…

¿Dónde te abandonaste, chiquita?
¿En que lugar dejaste tu pasión?
¿Quién arrebató tu vehemencia?
¿Quién se atrevió a desafiar tu palabra?

¿Fueron las copias de las horas?
¿el vacío eterno?
¿la persecución silenciosa de la muerte?
¿el frío abrazo de la cotidianidad?

Dímelo, mamita,
dímelo antes que sea tarde,
y yo me quede sin tu amor,
dímelo entre susurros de canela,
y cucharadas de almidón.

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escritura libre 1

pues he de abstenerme de mis pensamientos esta noche, dejar que el teclado y las manos sean uno, que se evaporicen las palabras con los ojos cerrados, que el tecleo tenga ritmo de sonata, una de esas canciones tristes de película extranjera, que la resonancia llene el vacío de mi cuerpo, me transporte a ese universo congojo que abraza mis recuerdos, déjalo, déjalo…. déjalo que el péndulo de lo incierto escriba tu historia, que las temáticas monosilábicas de los cuchicheos en este salón sean erradicados con martilleos suaves, que tus manos pintadas de blanco y negro sean caracterizaciones del maestro, del pianista sentado en la parte derecha de tu cabeza, déjalo, déjalo…déjalo que te convierta en sinfonía, en esculturas rítmicas al viento, en progresiones caóticas elevadas al cielo, en arpegios sobrenaturales que se derramen por tus rodillas, con hermosa lentitud, con bello y sofocante salvajismo… déjalo, déjalo, déjalo que te envuelva en levitación fantástica, en el desdoble artesanal de tu belleza, de la calidez quebrantada que pretendes ignorar, del tiempo enterrado, de tus poros respirando átomos intergalácticos, del poder hambriento de tu ser… déjalo, déjalo, déjalo, déjalo esta noche en tinta impenetrable, codificada, oscura, recluida y misteriosa, déjalo que brote en forma de enzimas asesinas, en frascos inyectables, en notas indescifrables para el gris promedio, en acertijos pigmentados de mar, déjalo en estado gaseoso inalcanzable para ellos, invencible y puro para vos…

 

La que murió

Dejemos que el mundo se vaya al diablo, para que dejemos de volvernos azules y vomitar el tiempo. Son absurdos los sentidos de los monarcas, las histerias rojas del vivido pasado, del humectante sentir del pesimismo. Si recojo mis agallas del tibio suelo, para que me sirve tu mirada? si rota está.

Soy destellos de la gloria benevolente del ausente, del que no existe más, tengo mis recorridos marcados por el sur y la voz entrecortada de tanto dudar. Mis pálidos astutos retoman tus vocablos, y son los que reparten sustos a los niños del barrio. Son ellos, quienes entre descargas automáticas y silenciosos mensajes de temor, recogen mis miedos, empacan tus bosquejos y queman los húmedos retozos de lo que ya se acabó.

Si son putos, o molestos, si son repetidos en el mundo del ayer, ellos no mantienen nuestras vidas en conjunto, si no que nos separan por el humo estupefacto del asqueroso buen vivir. La comodidad del anhelo amarillo, el trabajo reposado en la mesa del salón, sin ellos, somos nadie y lo somos todo. Sin ellos, recibimos puntualmente consejos sin vocación. Palabras muertas, copas vacías, libros sin leer, viajes sin planear.

Si pudiera retomar un poco de la ella que murió, otorgaría mi frente a los sabios campesinos del lugar donde crecí, revolvería la nostalgia de la pólvora y el café. De los toldillos transparentes y los aguacates podridos en el jardín.

Pero afuera, el mundo pasa, el aire congela las ideas, el silencio deteriora la inmensidad del puerto de aves metálicas. Adentro, soy nada, solo dedos en teclas oscuras de plástico hecho en china, soy ojos negros sin alma ni son, soy muerta en líquidos violentos, en sudor putrefacto de corazón cansado. Soy el fantasma de la inocencia. Soy otra, soy la misma, soy el reflejo en la ventana. Soy, en silencio, la imbécil del papel.

 

El patriarca

Las impresiones mágicas de la infancia, el correteo, la combustión interna ante el mínimo roce, la activa función cerebral recreando un mundo lleno de posibilidades, jugar al escondite entre bultos de arroz, responder a la cercanía eléctrica de su cabello negro, de su piel morena, de esa boca que todavía no sabe besar.

El será el patriarca, estoy segurita. Le daré ese gusto, ese apreciado y respetado puesto…

Se lo daré, apenas lo dejen salir a jugar.

Viva

A veces quiero refugiarme en mis pensamientos más oscuros, romper lo estipulado, divagar en las calles y experimentar lo negado, lo escondido, lo ilícito; sentarme en un bar y protagonizar historias clandestinas con personajes ambidiestros, multiplicar los amaneceres, vivir como vampiro, enterrar los vidrios de mi alma en espesas telarañas de vicio, bulla y satisfacción.

Caminitos blancos al paraíso tridimensional, llamaradas y carcajadas, táctiles bellezas subterráneas, sabores ácidos en mil lenguas, rebozar apetitos abnegados.

Fusionar espejos y tierra, bombardear con colores el pavimento, encender sus malditos pies, borrar a pinceladas el progreso de mis mundos.

Gritar.

Quiero ser dominio del instinto, de las excusas alcohólicas, de sus miradas impertinentes, regocijar mi alma con descabellados momentos, aptos para narrar, nítidos para revelar.

Ser héroe original de fantasías abdominales.

Ser interesante.

Múltiple.

Viva.

Hija del subsuelo

Puedo curar la melancolía de mis viernes por la tarde con galguerías importadas, vallenatos inspirados en míticas aunque desconocidas ciénagas caribeñas; puedo permitirme la libertad de arrojar hijueputeces al aire viendo al montañero adoptado bajo mi ruana invisible.

Puedo despojar al café de su leche y convertirlo en vino, envolverme en cachaquismos sureños y absolver mi lengua de las condenadas sílabas forzadas. Puedo sumergirme en un párrafo de Vásquez, Márquez o Vallejo, y alucinar que seré una de ellos.

Puedo camuflarme en un local oloroso a pan y aceite; escuchar las inconformidades apocalípticas del diario vivir de mis vecinos o las ya familiares predicciones nacionales.

Puedo aruñar la identidad sagrada y heredada de mis ancestros, darme bocanadas tóxicas de patriotismo, adjudicarme lo que no es mío.

Puedo revestirme en oro y ahogarme en charcos imaginarios, tragar abejas dulces, colgarme en alas de cóndor viejo, reírme de sus ojos, llorar por ellos.

Puedo, por unos segundos, engañar a mi mente con alguna extrañeza de esta selva gris, dominarla y moldearla, desdoblarme en la fantasía de lo que veo no es rentado, depositar mi esencia en un espejismo propio…

Verme completa como hija del subsuelo, como una vena más…en el torrente sanguíneo, al cual llamo hogar.

Perdido

Y me encontré a mi misma entrelazada en tu cuerpo, en la inocencia pérdida de nuestras caricias, en las verdes palabras de amor, en el cerrojo eterno de nuestras aventuras tridimensionales, en las tardes vitales de arquitectura fantástica, y en nuestros innatos tormentos, compartidos en silencio.

Con el tiempo, te fui perdiendo entre caminos de pavimento polvoroso, en la escasez de nuestros encuentros, en la decepción de los que intentaban encontrarme, en las arrebatadas conversaciones telefónicas, de odio, de amor, de añoranza, de lento olvido.

Tras el cruce del océano, soy el centro de otro universo, soy completa en su vida, y moriría por la suya, soy otra en medio de la radiación amarilla que invade nuestras noches.

Pero vivo ocasionales tardes de incurable nostalgia. Construyo ambientes paralelos e invento cascadas de posibilidades, no porque te extrañe, sino porque todos te extrañan.

Desparecido como otros atrás, perdido en las junglas misteriosas de la tierra que te vio nacer, raptado por sirenas del Orinoco o por los piratas de sus caudales, invisible en las horas de coleo y aguardiente, en los sollozos de tus mujeres, en el zapateo y son de sus joropos, de sus maracas, de su arpa terrenal.

Solo me quedan cenizas de tus recuerdos, de tu voz nocturna en mis sueños, del compás de mis anhelos.

Hoy, he decidido robarte de la historia y perderme contigo por unos eternos minutos. Para quererte un poquito, para recordar.

A pedacitos

Estoy sembrada en suciedad amada, toxicidad social, Mecanismos corruptos de subyugación física y mental, sin los cambios, sin los hechos, pero con los cerrojos que me echo como si fuera tradición, los maldigo, los escupo, los repudio, pero vivo en ellos, me embarduno con sus exaltaciones fantásticas, esos hijos de puta mediocres, soy mejor de mente, nunca mejor de acción, me comieron a pedacitos.

Progreso

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Monstruos imponentes habitados por monstruos más chiquitos resplandecen al medio día,

la muchedumbre vespertina atiborrada en el gusano eléctrico.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Aguacates azules reparten instrucciones que son acatadas con increíble docilidad,

o que son introducidas en rápidas docenas al que no las quiera cumplir.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Lenguas lamiéndose las unas a las otras en las esquinas del gran parque bajo el sabor de lo incomprensible, lo exótico, lo secreto.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

El inexistente miedo al caminar nocturno, la apropiación de las sombras, el resplandecer lunático opacado por intermitentes coloridos incandescentes.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

La lucha por la perfección humana, milagros empaquetados, tecnologías vanguardistas,

la comida plástica, el dinero plástico, tu cuerpo plástico.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Civitas Terrena, Civitas Dei, opuesta pero dependiente mutación hipócrita,

batalla por nuestras almas con destino pronosticado.

Yo pensé que era progreso, de veritas que si.

Los estúpidos

Sucede que las líneas de lo orgánico y bienaventurado se mezclan con aires de grandeza inexistente; avasallado espíritu colonial en búsqueda de aceptación cosmopolita. El espectáculo recibe nombre para que los individuos se sientan identificados: “ese soy yo, ese puedo ser yo”.

Esquivando los destellos que encandilan a los pelagatos, me encuentro en mi asiento de espectador idealista, tildado de antisocial e incluso estúpido.

No señor, ni señorita. Aquí los estúpidos, son otros.

De nariz

Mi piel es un iceberg descongelándose ante la hoguera que engendro dentro, aquella llama que consume bosques secos, que sofoca mi garganta y que pide alcanzar el claro cielo para arrasar con mis recuerdos.

Trato de secar las gotas para que no se acumulen en el frio suelo y que nadie se vaya a ir de nariz.

Eleda

Y siento que debo llorar un poco, tal vez porque no me encuentro en esta dimensión, porque esta frustración es pura apendicitis, síntomas presentes y ausentes cuando se les da la gana.

Porque extraño su carne, el roce acuático de sus mejillas, el perderme en sus ahogantes substancias marítimas … así que voy a dibujarme en las paredes, en los lienzos, en las fotografías que nunca se revelaron, en las botellas que nunca se destaparon, en los dedos que nunca se mojaron…

….Y es que temo al olvido, no de sus memorias pero de las mías, que trasplante las impurezas de esta maldita cotidianidad y suprima las fantasías hermosas que construimos y en las que a veces nos perdimos….

“Vamos un ratito, dejemos el telón caído, prometo lágrimas calladas mientras te cuelgas de mi alma….acaricia mis sentidos, responde a mi hambre, déjame participar en la imprecisión salvaje de tus dientes, trázame con paciencia apurada, vuélveme música, poesía, filosofía y nicotina…

… solo déjame navegarte en la oscuridad de tus confines…”

Y cuando la ventana sea espejo, volveré a ser la misma, enterrada en mi ofuscada impotencia, con las nubes a punto de combustión interna y los tejidos cansados …

tu voz se volverá eco, reventará la atmósfera, llegara hasta las galaxias, y algún día… volverá a hallarme., así de triste, así de perdida, así de azul.